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¿Por qué se desarrolla la adicción a las drogas?

Por qué se desarrolla la adicción a las drogas

¿Por qué desarrollamos adicción a las drogas? ¿Por qué unos son adictos y otros no? Estas son algunas de las preguntas que a menudo se hacen familiares y amigos de personas adictas.

Aunque es una pregunta difícil de responder, pues son muchos los factores que intervienen en el desarrollo de las adicciones, partamos por el hecho de que la adicción es una enfermedad crónica que provoca cambios cerebrales específicos. 

Las drogas generan placer a corto plazo y de allí la búsqueda constante de esta sensación. Sin embrago, el placer generado del consumo de opioides como la heroína o estimulantes como la cocaína disminuye a través de su uso repetido. También encontramos algunas drogas como la nicotina que no producen ninguna euforia notable en los consumidores habituales. Entonces, ¿por qué hay personas con más predisposición a las adicciones que otras?

¿Quién puede volverse adicto a las drogas?

La respuesta corta es que cualquiera puede volverse adicto a las drogas, no hay distinción de sexo, de edad o características físicas. Pero existen algunos factores que pueden hacer que determinadas personas sean más susceptibles que otras.

La genética y el medio donde se desenvuelve cada persona pueden contribuir al uso de sustancias adictivas y a la transición entre el consumo recreacional y el uso descontrolado. Los expertos ha demostrado los últimos años que las adicciones pueden ser heredadas. Estudios en gemelos y en personas adoptadas muestran que alrededor del 40% al 60% de la susceptibilidad a la adicción es hereditaria. El riesgo de que un individuo tienda a desarrollar comportamientos adictivos es proporcional al grado de relación genética que tenga con un familiar adicto.

Sin embargo, adicional a la variante genética la adicción también se ve afectada por el entorno en el que individuo crece y se desarrolla. Si las drogas y el alcohol no están fácilmente disponibles y no se consideran la norma a medida que una persona crece, es menos probable que comience a consumirlas.

Los adictos involuntarios

Los opioides, como la oxicodona, el percocet, la vicodina o el fentanilo, son muy eficaces para controlar el dolor que de otro modo sería intratable. Sin embargo, también producen aumentos repentinos en la liberación de dopamina. El aumento de dopamina (mensajero químico involucrado en la motivación, el placer, la memoria, el movimiento, etc.) provoca la conducta de consumo activa y un comportamiento relacionado a la búsqueda de sensación de bienestar y placer. 

La mayoría de las personas comienzan a tomar opioides recetados o prescritos por especialistas, no por placer sino por la necesidad de controlar el dolor. Cualquier placer que puedan experimentar tiene su origen en el alivio del dolor.

Sin embargo, con el tiempo, los individuos tienden a desarrollar tolerancia. El fármaco se volverá cada vez menos eficaz y necesitarán dosis mayores para controlar el dolor. Esto expone a las personas a grandes oleadas de dopamina en el cerebro. A medida que el dolor desaparece se encuentran inexplicablemente enganchados a una droga y obligados a tomar más. A estas personas se le conoce como adictos involuntarios. 

¿Qué pasa con los consumidores “sociales”?

Muchos personas consumen drogas de manera social, cuando toman algunos tragos o fuman algunos cigarrillos de forma ocasional, no frecuente. Incluso, pueden llegar a excederse, pero en la mayoría de los casos esto no califica como adicción. 

Esto se debe, en parte, a que logran recuperar el equilibrio y no transforman estas instancias en hábitos. Las personas que consumen en ocasiones este tipo de sustancias eligirán mayormente recompensas placenteras alternativas, en las cuales puedan mantener el control. Se puede decir que estas personas son menos susceptibles al deseo excesivo que lleva al descontrol en la persona adicta.

La adicción crea un deseo que a menudo es más fuerte de lo que cualquier persona podría superar por sí sola. Es por eso que las personas que luchan contra la adicción merecen nuestro apoyo y compasión, en lugar de la desconfianza y la exclusión que nuestra sociedad. 

La rehabilitación de drogas es posible pero es necesario un serio compromiso por parte de todos los involucrados, pacientes, profesionales y familiares. Dejar de consumir es el inicio de una nueva vida. Mantenerse sin consumir es el compromiso que de por vida se deberá adquirir. 

 

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